Cuenta la historia que hay una sombra

                               que acompaña al peregrino durante

                       el largo viaje del Camino de Santiago, y que,

                   aun sintiendo su presencia en las etapas mas duras,

                            sólo hay un lugar donde el caminante

puede encontrarse con ella

                                

En plaza de la Quintana, cuando el sol ya no alumbra,

aparece El Peregrino Escondido.


A partir de ese momento, acompañará al caminante

en el resto de las rutas de su vida,

guiándolo por el camino correcto...






La sombra del Peregrino (leyenda de la plaza de Quintana)

Cada noche cuando llega la oscuridad una figura tenebrosa aparece en una de las plazas más bellas y concurridas de Santiago de Compostela. Es uno de los misterios mejor guardados de la plaza de A Quintana. En una esquina, la más próxima a Platerías, junto a la Puerta Real, una sombra espectral da forma a una figura de un extraño peregrino. Permanece allí hasta el amanecer protegida por las verjas. 

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Según cuenta una leyenda, la sombra pertenece a un sacerdote enamorado de una religiosa del convento de San Paio. Todas las noches se reunía con ella cruzando un pasadizo existente bajo la escalinata de la Quintana, que unía la Catedral al convento. 

Con su bordón calabaza incluida, su sombrero de ala ancha y oculto bajo su capa, aprovecha la sombra del pilote que protege el cable del pararrayos, para ocultarse de las miradas inoportunas y continuar con su triste y prolongado sino. 

Tan singular efecto óptico suele pasar desapercibido porque se produce cuando la Basílica compostelana ya ha cerrado sus puertas y la afluencia de visitantes se limita a las terrazas de los establecimientos de hostelería de las proximidades.
 
Después de algún tiempo el sacerdote propuso a la religiosa escaparse juntos para vivir su amor libremente. Se citaron al anochecer y el clérigo se disfrazó de peregrino para no llamar la atención. La esperó pacientemente, pero ella, nadie sabe por qué, no acudió a la cita. El nunca se ha resignado a la evidencia. Y desde entonces, al caer la noche, él sigue acudiendo puntualmente a la cita. Cada noche, todas las noches. 

 
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