Autor: Josep Julián 9 diciembre 2009

Reconozco que me seduce la idea de motivar a otros por lo que implica de lograr en ellos una puesta en acción imprevista en ese momento o bajo determinadas circunstancias. Activar la motivación es uno de los grandes logros emocionales de los que somos capaces y una muestra incuestionable de nuestro poder. Y digo “poder” sin rubor ni connotaciones negativas, porque todos lo tenemos y ejercemos en mayor o menor medida.

 Somos poderosos únicamente cuando logramos movilizar siendo esa una de las dos expresiones genuinas de liderazgo (la otra es la de alinear voluntades). Creo que todos lo hemos experimentado alguna vez y sólo en esos casos puede decirse que hemos sido verdaderos líderes. Cuando una persona sigue nuestro consejo, cuando alguien nos hace caso, es porque hemos logrado ejercer una influencia sobre ella y nos convertimos en corresponsables de las consecuencias de forma que no sólo motivamos sino que también lideramos. Cuando no es así o nos separamos de esa responsabilidad, entonces no es que estemos motivando sino simplemente arengando, que es lo que hacen los generales cuando mandan a sus tropas al combate quedándose ellos en el puesto de mando.

El valor de la motivación a terceros es enorme, puesto que para que ésta se produzca debe haberse generado confianza. Un ejemplo perfecto lo he leído recientemente en un post de Agustí Brañas ¡No escribo tan bien como mi hermana! que recomiendo por ser uno de los ejemplos más claros, sinceros y directos de las consecuencias que un acto de motivación puede generar en terceros. En ese caso, además tuvo un efecto multiplicador porque fue, creo que podemos llamarlo así, el desencadenante del incremento de la autoconfianza de su hija en sus propias capacidades que suponía en desventaja. Agustí motivó porque generó confianza y por eso fue capaz de liderar, en ese orden.

Frente a la motivación –que precisa de un agente externo para activarse- está la auto motivación que a mi modo de ver es una cualidad netamente superior y lo es porque es uno mismo quien escoge aquello que “le pone” sin que nadie le muestre el camino o las ventajas. Esa capacidad tiene un efecto positivo no sólo en la mente sino también en el organismo, no sé si a causa de la generación de feromonas o porque supone un reto no impuesto, pero cuando uno se auto motiva, su nivel de energía crece.

¿Cómo podemos auto motivarnos? Los mecanismos de cada cual son distintos pero seguramente esto se produce cuando la sintonía entre las coordenadas de pensamiento positivo y la visualización de los futuros beneficios esperados se solapan. Cuando algo que veo, oigo o noto se transforma en otra cosa porque me induce a mirar (no sólo ver), escuchar (no sólo oír) o experimentar (no sólo notar) es que me ha motivado. No siempre se explica de un modo racional, puede que ni siquiera sea un acto plenamente consciente, pero la verdad es que si algo me “toca” me “mueve”, de eso no hay duda.

He analizado algunas motivaciones profundas y ajenas tratando de ver las consecuencias que ello les ha reportado. Casi siempre he observado que se ha manifestado hacia el exterior a través de la creación de un discurso con el que poder explicar a los demás el gozo generado por esa fuerza interior que moviliza a un sujeto. Cuanta más auto exigencia, más necesidad de hacer partícipes a los demás de los retos a los que uno se enfrenta, lo cual nos habla de que esencialmente somos seres sociales que necesitamos “anunciar” nuestras metas y cuanto más retadores sean éstas, mayor pasión se demuestra. 

Admiro profundamente a aquellos que son capaces de vivir su auto motivación con pasión, incluso en el caso de no estar de acuerdo con ellos. He observado que, a menudo, la pasión no está tanto en el desencadenante de sus acciones como en su experimentación, actuando entonces como una fuerza dinámica, inspiradora y retroalimentadora por excelencia.


La auto motivación tiene otra cualidad y es que perdura más allá de la primera inercia, es más duradera que la motivación ajena y pone al servicio de los objetivos que se persiguen lo mejor de uno mismo. Pero es que además, genera la autoconfianza necesaria para superar retos. Cuanto mayores son éstos más necesario es rebuscar dentro de uno mismo y es ahí donde aparece en toda su intensidad la parte emocional que nos jalea, nos impulsa y nos hace superar retos por muy racionales que seamos.

Diríamos que la automotivación genera confianza en dosis suficientes y cuanto mayor sean una y otra, se crea mejores condiciones para 
liderarnos a nosotros mismos. Se ha hablado poco de esa habilidad a pesar de ser crucial. Los modelos de imitación o de emulación permiten el fomento de esa capacidad innata de auto dirigirnos y en esas condiciones es cuando damos lo mejor de nosotros mismos.


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