Autor: José L. Pardo Lozano   

Cuando reanudamos la actividad deportiva tras una pausa más o menos prolongada, como pueden ser las vacaciones de verano, el final de una temporada, una lesión o una enfermedad, es muy común escuchar comentarios del tipo “recuperar las sensaciones” o “no terminar de encontrar las sensaciones” o “volver a tener buenas sensaciones”.

Como deportistas, todos sabemos a qué se refieren, independientemente de la disciplina, aunque sólo sea a nivel intuitivo, aunque no sepamos explicar con palabras a qué hacen referencia. Justificar este hecho aludiendo a la naturaleza subjetiva de las emociones pone de manifiesto la gran confusión que existe al respeto. Y es que “tener buenas sensaciones” y “sentirse bien”, aunque pueda parecer ser lo mismo, no lo es.

Entonces, ¿qué son las sensaciones realmente? ¿Cuántos tipos de sensaciones existen? ¿Cómo se forman? Y lo que es más importante, ¿cómo podemos recuperar cuanto antes esas “buenas sensaciones” que tenemos cuando estamos “finos”?



Las sensaciones de rendimiento

Simplificando mucho los conceptos, desde el punto de vista de la psicología deportiva debemos diferenciar entre sensaciones, percepciones y emociones:

  • Sensaciones: es la información que recibimos a través de nuestros sentidos. Las sensaciones externas reflejan propiedades y aspectos que se encuentra en el mundo exterior, y pueden ser visuales, auditivas, olfativas, gustativas y táctiles, incluyendo presión, dolor y temperatura. Las sensaciones internas provienen de nuestro cuerpo, con información sobre músculos, huesos y tendones; y sobre posición, movimiento y equilibrio corporales.
  • Percepciones: es la interpretación, significación y organización que hacemos de la información sensorial recibida. Implica procesamiento mental y están determinadas por factores psicológicos.
  • Emociones: son estados de bienestar o malestar producidos por la percepción positiva o negativa de ciertas sensaciones internas y/o externas.

En otras palabras, cuando nadamos, la luminosidad, el sonido, la temperatura y el rozamiento del agua al bracear (sensaciones externas), junto a nuestra tensión muscular, flexibilidad articular y ejecución técnica (sensaciones internas) nos indican que avanzamos con fluidez, fuerza y seguridad (percepción) y esto nos genera un estado de bienestar y confianza (emoción). Similar explicación podemos hacer respecto a las pruebas de bicicleta y carrera.

Llegados a este punto, podríamos afirmar sin temor a equivocarnos que las sensaciones juegan un papel vital en nuestras tres disciplinas. Gran parte de nuestra confianza de poder volver a “darlo todo” en competición depende de ellas, así como la motivación necesaria para seguir adelante. Por fortuna, reanudar los entrenamientos nos devolverá esas “buenas sensaciones”. Será cuestión de tiempo. No obstante, siempre será mejor recuperarlas lo antes posible para alcanzar nuestro máximo rendimiento.


Pautas para trabajar las sensaciones

Existen muchas formas de trabajar con las sensaciones de rendimiento. Una de las más sencillas y rápidas para construirlas o recuperarlas es empleando los procesos atencionales durante los entrenamientos. Para ello, durante tus sesiones:

  • Analiza tu técnica. Debes identificar los principales tipos de movimiento, de posturas, de esfuerzos que realizas en cada una de las disciplinas, así como los músculos implicados. Puedes comenzar por los movimientos básicos (brazada, pedaleo, carrera. etc) y los grupos musculares dominantes (brazos o piernas). No te olvides de incorporar los grupos auxiliares cuando tengas claros los primeros.
  • Sensaciones internas. Céntrate en cada músculo de manera individual. Siéntelo. Siente las sensaciones que te manda. Nota cómo funciona, cómo se tensa y destensa. Ve rotando tu atención al resto de músculos. Con 5-10 segundos puede ser suficiente.
  • Ahora concentra tu atención en los grupos musculares. Siente cómo funcionan tus piernas en conjunto, tus brazos, tu espalda. Nota los movimientos perfectamente coordinados que realizan. Siente la fuerza que ejercen. Con 10-20 segundos puede valer.
  • Disfruta de tu esfuerzo de manera plena, consciente y voluntaria. Asocia las sensaciones que estás experimentando al rendimiento y al éxito en la actividad deportiva.
  • Sensaciones externas. Cambia tu enfoque y atiende a las sensaciones que te vienen del exterior. Busca las más intensas. Las táctiles suelen ser las más poderosas. Puedes atender a cómo te deslizas o desplazas; cómo “coges” agua con los brazos y la presión al pisar el pedal o el suelo; las vibraciones en el manillar; los golpes repetitivos en cada zancada. 10-20 segundos.
  • Igualmente, disfruta de las sensaciones externas de manera intencionada, y asócialas a rendimiento y éxito.

Y recuerda que nuestra mente también debe ser entrenada, como cualquier habilidad física o técnica. Cuanto más practiquemos estas sencillas pautas, más fácil nos será volver a conectar con las sensaciones de rendimiento.

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