Me dejaste y seguiste tu camino.


Creí que estaría de duelo por ti y que pondría en mi corazón tu solitaria imagen tallada en una canción de oro.
Pero, ay, aciaga suerte mía, el tiempo es breve.

La juventud se marchita año tras año; los días de primavera son fugaces; las frágiles flores mueren por nada, y el sabio advierte que la vida no es sino una gota de rocío sobre la hoja de loto.

¿Olvidaré todo esto para mirar a una que me volvió la espalda?
Sería necio y vano, porque el tiempo es breve.

Venid, pues, lluviosas noches mías con pies menudos; sonríe otoño mío de oro; ven desatento abril, que esparces tus besos a lo lejos.
Y ven tú, y tú, y también tú.


Amores míos, sabéis que somos inmortales, ¿es prudente romperse el corazón por una que lleva lejos el suyo?
Porque el tiempo es breve.

Es dulce estar sentado en un rincón cavilando y escribiendo en rima que tú eres todo mi mundo.
Es heroico abrazarse al dolor propio y decidir no ser consolados.
Pero un rostro lozano se asoma a mi puerta y alza sus ojos a mis ojos.
No puedo sino enjugarme las lágrimas y cambiar la melodía de mi canto.

Porque el tiempo es breve.

     "El jardinero".  Rabindranath Tagore
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