Escuchas esas voces que te amaron

llorar por el desgarro de una ausencia

que, más presente que nunca,

quema en sus corazones.


Escuchas otras voces imparciales

que ordenan estrategias de crisis

y susurran, discretas, su fatal impotencia.


Comprendes claramente lo que dicen.

Quisieras responderles a todas ellas

pero tus labios permanecen cerrados

como las puertas de la ciudad sagrada.


Te ahogas en tus aguas

y nadie puede verte bracear desesperado

entre las grandes olas sin remedio.


Silencio es lo que pides.

Una caricia, un verso, una canción,

para viajar sin miedo

hacia la patria incógnita.


(Guillermo Lombardía, Avellaneda 1952, La Plata 2007, 

de su poemario inédito Camino a casa)


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