No soy la princesa que esperabas,
mi vestido no es rosa, ni mis zapatos de charol,
y cuando sonrío no desprendo polvo de hadas.

Perdí la inocencia hace unas cuantas patadas,
y se me agria demasiadas veces la ironía en la mirada.

Cuando río, lo hago a carcajadas,
pero cuando me vuelvo oscura,
se vuelve demasiado afilada mi navaja.

Y me puede la rabia de no poder darte nada más,
y se me pudre el alma
de tener tan usadas las palabras.

Soy lo que ves,
y lo sabes,
y conoces también la daga
escondida bajo mi almohada.

Y sabes que decirte cambiaré
es sólo otra palabra desgastada.

Quizá sólo te pueda ofrecer
un camino lleno de baches,
un manojo de errores y desastres,
vértigo, ganas y miedo a partes iguales.

Pero si digo ven y decides venir,
como yo te amo, créeme,
como yo te amo nunca te va amar nadie.


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